Si esta ilusión ha ofendido,
viernes, 4 de junio de 2010
Sueño de una noche de verano
Si esta ilusión ha ofendido,
viernes, 7 de mayo de 2010
Napoleón y Josefina
Nice, 10 germinal an IV
Je n´ai pas passé un jour sans t´aimer. Je n´ai pas passé un jour sans te serrer dans mes bras ; je n´ai pas pris une tasse de thé sans maudire la gloire et l´ambition qui me tiennent éloigné de l´âme de ma vie. Au milieu des affaires, à la tête des troupes, en parcourant les camps, mon adorable Joséphine est seule dans mon coeur, occupe mon esprit, absorbe ma pensée. Si je m´éloigne de toi avec la vitesse du tourrent du Rhône, c´est pour te revoir plus vite. Si, au milieu de la nuit, je me lève pour travailler, c´est que cela peut avancer de quelques jours l´arrivée de ma douce amie, et cependant, dans ta lettre du 23, du 26 ventôse, tu me traites de vous. Vous toi-même ! Oh ! mauvaise, à ton mari... ? Oh ! mon amie, le vous et ces quatre jours me font regretter mon antique indifférence [...]. Mon âme est triste ; mon coeur est esclave, et mon imagination m´effraie... Tu m´aimes moins, tu seras consolée ; un jour, tu ne m´aimerais plus ; dis-le moi, je saurai au moins mériter le malheur !...
Adieu, femme, tourment, bonheur, espérance et âme de ma vie, que j´aime, que je crains, qui m´inspire des sentiments tendres qui m´appellent à la nature et des mouvements impétueux aussi volcaniques que le tonnerre ! Je ne te demande ni amour éternel ni fidelité, mais seulement une vérité, une franchise sans bornes. Le jour où tu dirais : je t´aime moins, sera le dernier de mon amour ou le dernier de ma vie. Si mon coeur était assez vil pour aimer sans retour, je le hacherais avec mes dents. Joséphine, Joséphine ! Souviens-toi de ce que je t´ai dit quelquefois : la nature m´a fait l´âme forte et décidée. Elle t´a bâtie de dentelle et de gaze. As-tu cessé de m´aimer ? Pardon, âme de ma vie, mon âme est tendue sur de vastes combinaisons qui me rendent malheureux. Je suis ennuyé de ne pas t´appeler par ton nom. J´attends que tu me l´écrives.
Adieu ! ah ! si tu m´aimes moins, tu ne m´auras jamais aimé. Je serais alors bien à plaindre.
Bonaparte
jueves, 6 de mayo de 2010
Amigas incondicionales


domingo, 25 de abril de 2010
Feria 2010
jueves, 8 de abril de 2010
Siempre te escribo a ti

A ti, que me haces enrojecer. A ti, que me vuelves torpe e insegura. A ti, que anhelas la ilusión.
Tú me haces sonreír cuando corres y palidecer cuando te paras.
Pienso en ti, que te tengo en época de hibernación.
Ahora, en el silencio de la noche, intento escucharte y tu sonido se pierde con los golpes del reloj, golpes sutiles que me avisan del paso del tiempo.
Te escribo a ti, corazón, que suspiras cada vez que oyes la palabra amor.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Silencio
sábado, 27 de marzo de 2010
Habitación añil. Ella.
Es tarde. Pasado mañana será el gran día. Qué miedo. A lo mejor haría mejor en irse a la cama. Pero, como siempre, el portátil cerrado en la mesa es como si la llamase. Todavía no ha abierto esa carpeta. Pero el nombre le produce una enorme curiosidad. «El último atardecer». ¿Qué será? La clica encima y la abre. Más documentos Word. Más palabras.
«Ese claro sostenido entre las persianas y el mar. Mar y tierra. Tierra de invierno cubierta de amarillo. Mar, ese amarillo caído de hojas que reflejan el sol. Mar y tierra, los dos inciertos y lejanos, intentando decirse algo pero no saben hablar.»
… No saben hablar. Demonios. Es bonito. ¿Será una especie de poesía? Es un poco diferente a cuanto lleva leído hasta ahora en ese ordenador que parece el cofre del tesoro de una historia de piratas. O la lámpara de algún Aladino que se divierte sorprendiéndola cada noche, antes de irse a dormir. Sigue leyendo.
«Si estás, y escoges quedarte, recuerda entonces las cosas que no sabes, sujétalas bien, no las dejes escapar, llegará el día en que puedas saberlas.
»Si estás, y sabes cómo amar, recuerda entonces las cosas que das, mantenlas del otro lado, no las hagas regresar, llegará el día en que puedas volver a tenerlas.
»Si estás, y piensas marcharte, recuerda entonces las cosas que quieres, mantenlas vivas, no las dejes callar, llegará el día en que las merezcas. »
Se detiene. Un velo ligero y húmedo le cubre repentinamente los ojos. ¿Qué ocurre? ¿Por qué esas palabras penetran y hacen tanto daño? ¿De veras no lo sé?, piensa mirando fijamente la pantalla, como si se tratase de un antiguo oráculo que acaba de darle la respuesta que llevaba tanto tiempo buscando. El amor tal como lo querría ella y como ya no lo tiene. O quizá como no lo ha tenido nunca. Porque el amor no es y no puede ser simple afecto. No se trata de costumbre o de amabilidad. El amor es locura, es el corazón que late a dos mil por hora, la luz que surge de noche en pleno atardecer, las ganas de despertase por la mañana solo para mirarse a los ojos. El amor es ese grito que ahora la llama y le hace comprender que es hora de cambiar. Él. Recuerda momentos pasados en su compañía, las coas que siempre le dice, su rostro. Pero no sabemos hablar. No estamos hechos el uno para el otro. Una lágrima desciende cálida por su mejilla y cae sobre sus piernas libres y desnudas. A lo mejor esa muchacha sentada en su escritorio, en una noche de finales de primavera, quieta ante un portátil encontrado por casualidad, iluminada apenas por una lámpara de Ikea, todavía no sepa lo que es el amor. Pero seguro que ahora sabe lo que no es.
«Y caen las hojas, y parecen soles, y cae la nieve de espuma sobre el mar. Y dos están tan juntos que parece un final.»
Ese final que le falta y que siempre le ha faltado. Ese final que ha buscado como una respuesta que no tenía valor ni para plantearse siquiera a sí misma. Ese final a lo mejor ha llegado. Y discurre ante sus ojos como los títulos de crédito de la película de un amor concluso. Sí, ha llegado el momento de decírselo. Ha llegado el momento de ir a decirle que ha sido bonito, que aunque los actores salgan de escena, el escenario de la vida sigue abierto y listo para nuevos espectáculos, que le deseo todo lo mejor y que lo siento mucho. Pero ha llegado el final. Cierra el portátil. Coge su bolsa y sale corriendo. Cuando el corazón se decide, cuando tiene el coraje de cambiar de camino, no se debe esperar.
Federico Moccia, Perdona si te llamo amor, págs. 505 y 506
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