¿Sabes por qué me gusta mi trabajo?
Porque en esos cuerpecitos no cabe maldad, odio, venganza ni rencor, solo cabe amor.
Porque son los únicos que me reciben con una sonrisa de oreja a oreja, se les iluminan los ojos al verme y se pelean por ser los primeros en la fila.
Porque cuando les riño y digo que me voy a enfadar se ponen tristes e intentan ser los más buenos del mundo.
Porque su inocencia e inquietud hacen que me ría cada día.
Porque me transmiten la ilusión de un niño y me hacen cantar, bailar, dibujar, recortar y crear verdaderas obras de arte.
Porque sé que cuando me dan ese abrazo que me deja sin respiración es porque lo sienten.
Y porque hacen que me sienta especial cuando voy de vuelta a casa.
Supongo que este será el primer trabajo de muchos, pero dudo que en otros me pueda sentir tan querida como siendo una “teacher”