domingo, 20 de noviembre de 2011

Loving you as always, but missing you today more than ever.


A pesar del frío, a pesar de tus días grises y tu llovizna característica, hoy es un día de esos que no me lo pensaría dos veces: me pondría mis converce, mi chaqueta, mi bufanda y cogería mi paraguas previsor para disfrutar de ti un poquito.

A pesar de llevar dos años lejos te ti, tengo mi mapa guardado para la próxima vez que te vea. Sabría dónde ir y, lo mejor de todo, cómo llegar. En mi opinión, esta es tu mejor época del año, te he conocido en invierno y en verano, pero la navidad te hace brillar de una manera especial. Sé que es temprano para pensar en luces, nieve y árboles de navidad, pero tú la celebras de una manera diferente.

Por la mañana temprano tocaría sesión de museos, sé que he visto casi todos, pero siempre hay algo nuevo que se me había escapado, y seguiría con un ratito de compras; luego un paseo por la ribera del Támesis hasta el Big Ben pasando por The Globe de Shakespeare, esta es una ruta imprescindible; después, buscaría esa pista de patinaje enorme, que encontré por casualidad el primer año que fui, y esperaría la cola que hiciera falta para patinar, porque prometí que volvería a ir y no me quedaría con las ganas nunca más y, para terminar, y porque sé que a las 16:30 ya está oscureciendo en invierno, iría a Picadilly Circus, a ver todas las luces de navidad (algún día te besaré justo en los escalones de la fuente de Eros) y pasearía hasta que no me quedara más remedio que volver.

Porque a pesar de haber estado allí dos veces, pienso seguir visitándote cada vez que pueda, porque conoceré (si tengo suerte) muchos lugares nuevos, pero sé que siempre querré volver a ti.


jueves, 17 de noviembre de 2011

Hoy me he despertado con tus últimas palabras

Hoy he soñado contigo...

He soñado que viajaba al pasado, a mi piso, siendo una niña, pero sabiendo todo lo que pasaría unos años más tarde.

Subía esas infinitas escaleras hasta mi casa seguida del “capricho” de mi infancia, y, al llegar a la habitación, allí estabas tú (prácticamente igual que ahora, aunque con una cara más aniñada). Mientras los tres estábamos juntos charlando, tú no parabas de lanzarme indirectas señalando al otro y yo, en un arrebato de valentía inusual en mí, me eché a tu lado de la cama y te susurré al oído: “aunque tú no lo sabes y ahora parezca increíble, tú y yo acabaremos juntos”. Y tú, con esa sonrisa pícara y ese hoyuelo que te delata, me susurraste en una voz apenas inexistente: “ya lo sé”.

Y mientras que nuestras miradas no podían separarse la una de la otra en un segundo eterno, la vida seguía a nuestro alrededor como si nada, pero tú y yo sabíamos que ya nada volvería a ser igual.