He soñado que viajaba al pasado, a mi piso, siendo una niña, pero sabiendo todo lo que pasaría unos años más tarde.
Subía esas infinitas escaleras hasta mi casa seguida del “capricho” de mi infancia, y, al llegar a la habitación, allí estabas tú (prácticamente igual que ahora, aunque con una cara más aniñada). Mientras los tres estábamos juntos charlando, tú no parabas de lanzarme indirectas señalando al otro y yo, en un arrebato de valentía inusual en mí, me eché a tu lado de la cama y te susurré al oído: “aunque tú no lo sabes y ahora parezca increíble, tú y yo acabaremos juntos”. Y tú, con esa sonrisa pícara y ese hoyuelo que te delata, me susurraste en una voz apenas inexistente: “ya lo sé”.
Y mientras que nuestras miradas no podían separarse la una de la otra en un segundo eterno, la vida seguía a nuestro alrededor como si nada, pero tú y yo sabíamos que ya nada volvería a ser igual.
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