
A ti, que me haces enrojecer. A ti, que me vuelves torpe e insegura. A ti, que anhelas la ilusión.
Tú me haces sonreír cuando corres y palidecer cuando te paras.
Pienso en ti, que te tengo en época de hibernación.
Ahora, en el silencio de la noche, intento escucharte y tu sonido se pierde con los golpes del reloj, golpes sutiles que me avisan del paso del tiempo.
Te escribo a ti, corazón, que suspiras cada vez que oyes la palabra amor.
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